23 de septiembre de 2016 / Santiago de Chile / Contralobos, Blog Cristiano.

 

Estudio Bíblico: “Conociendo a Dios”

Primera Parte: “Los atributos de Dios

7ª Sesión: “LA SANTIDAD DE DIOS”

 

 

“¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? Porque tú sólo eres SANTO

Apocalipsis 15:4

 

Introducción:

 

Sólo Dios es infinita, independiente e inmutablemente santo. Con frecuencia, en la Biblia, Dios es llamado “El Santo”; y lo es porque en él se halla la suma de todas las excelencias morales. Es pureza absoluta, sin la más leve sombra de pecado “Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1ª Juan 1:5).

 

La santidad es la esencia de la naturaleza divina: el gran Dios es “magnífico en santidad” (Éxodo 15:11). Por eso leemos: “muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Habacuc 1:13) y por eso cantamos el himno pentecostal “Sólo en Dios” que en su coro dice:

 

“Y yo sé, que no eres Dios
Que se complace en la maldad,
Pues lo malo junto a Ti no habitará,
Ni tus ojos mirarán la iniquidad
Así eres Tú, así eres Tú.”

 

De la misma manera que el poder de Dios es lo opuesto a la debilidad natural del ser humano, y su sabiduría contrasta completamente con nuestra mente limitada, su santidad es la antítesis de todo defecto o imperfección moral.

 

En la antigüedad, Dios instituyó algunos “que cantasen a Jehová y alabasen en la hermosura de su santidad” (2ª Crónicas 20:21). La santidad es la hermosura de Dios.

 

Su Santo Nombre

 

A esta perfección divina se le da un énfasis especial. Se llama santo a Dios más veces que todopoderoso, y se presenta esta parte de su dignidad más que ninguna otra. Nunca se nos habla de Su poderoso nombre, o su sabio nombre, sino de su gran nombre, y, sobre todo, su Santo Nombre. Este es su mayor título de honor; en ésta cualidad resalta toda la majestad y respetabilidad de su nombre. Esta perfección, como ninguna otra, es celebrada ante el trono del cielo por los serafines que claman: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:3).

 

¿Cómo se manifiesta la Santidad de Dios?

 

  1. La santidad de Dios se manifiesta en sus obras: Nada que no sea excelente puede proceder de El. La santidad es la regla de todas sus acciones. En el principio Dios declaró que todo lo que había hecho era “bueno en gran manera” (Gén. 1:31), lo cual no hubiera podido hacer si hubiera habido algo imperfecto o impuro.

 

Al hombre lo hizo recto “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.” Ecl. 7:29, a imagen y semejanza del creador fuimos creados, por lo tanto como dice el texto eramos rectos, nacimos rectos, en inocencia, sin pecado, pero a medida que vamos creciendo vamos pecando y eligiendo la reversión y el pecado, por dice la palabra que de los niños es el reino de los cielos (Mateo 19:14). Los ángeles que cayeron fueron creados santos, ya que, según leemos, “dejaron su habitación” (Judas 1:6). De Satanás está escrito: “perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad” (Eze. 28:15). Vemos en esto que Dios no puede crear la maldad ni el pecado, mucho menos predeterminar arbitrariamente o por decreto a un hombre, ya que esto lo convertiría en autor del pecado, pero sabemos que no es así, porque Él es Santo y en su soberanía permitió a los ángeles y también al hombre la libertad de elegir entre el bien y el mal, esto lo vemos a través de toda La Biblia, Dios no crea a algunos hombres malos y a otros buenos, sino que cada uno elige su destino, creyendo o rechazando a Cristo.

 

  1. La santidad de Dios se manifiesta en su ley: Esa ley prohíbe el pecado en todas sus variantes: en las formas más refinadas así como en las más groseras, la intención de la mente como la de contaminación del cuerpo, el deseo secreto como el acto abierto.

 

Por ello leemos: “la ley a la verdad es santa y el mandamiento santo y justo, y bueno” (Romanos 7:12). Sí, “el precepto de Jehová es puro que alumbra a los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmos 19:8,9).

 

  1. La santidad de Dios se manifiesta en la cruz: La expiación ilimitada de Cristo pone de manifiesto de la manera más admirable, y a la vez solemne la santidad infinita de Dios y su odio al pecado. Los juicios que serán vertidos sobre el mundo impío y la sentencia irrevocable dictada contra los demonios rebeldes nos demuestran cuanto Dios odia el pecado, el cuál merece castigo, porque la paga del pecado es la muerte, por eso mismo, Cristo recibió en sí mismo el pago del pecado, la muerte y toda la ira del Padre cayó sobre Él por amor a toda la humanidad.

 

La santidad divina jamás apareció más atractiva y hermosa que cuando la faz del salvador estaba más desfigurada por los gemidos de la muerte. El mismo lo declara en el Salmo 22. Cuando Dios se esconde de Cristo y lo abandona (Marcos 15:24) permitiendo su muerte y haciéndole exclamar “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?”, pero Cristo adora esa perfección divina diciendo: “pero tu eres santo” / Salmo 22:3.

 

 

Dios odia el pecado

 

Dios odia todo pecado porque El es santo. El ama todo lo que es conforme a sus leyes y aborrece todo lo que es contrario a las mismas. El pecado no puede escapar a su castigo porque Dios lo aborrece. Dios ha perdonado a menudo a los pecadores, pero jamás perdona el pecado; el pecador sólo puede ser perdonado a causa de que otro lleve su castigo, porque “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22).

 

A causa de un pecado Dios desterró a nuestros primeros padres del Edén. Por un pecado toda la descendencia de Cam cayó bajo una maldición que todavía perdura. Moisés fue excluido de Canaán a causa de un pecado. Y por un pecado el criado de Eliseo fue castigado con lepra y Ananías y Safira fueron separados de la tierra de los vivientes.

 

 

Los incrédulos piensan en un dios cortado según el patrón de sus propios corazones malos. De ahí su persistencia en una carrera de locura. La santidad atribuida en las Escrituras a la naturaleza y carácter divinos es tal, que demuestra claramente el origen sobrenatural de estas.

 

La idea humana del pecado está prácticamente limitada a lo que el mundo llama “crimen”. Lo que no llega a tal gravedad, el hombre lo llama “defectos”, “equivocaciones”, “faltas”, “enfermedad”, etc, e incluso cuando se reconoce la existencia del pecado, se buscan excusas y atenuantes, así es el hombre sin Cristo.

 

El “dios” que la inmensa mayoría de los cristianos aman, es como un anciano demasiado indulgente (tolerante, liberal, buena gente, benigno), quien, aunque no comparte sus “imprudencias”, las disimula benignamente. Pero la Palabra de Dios dice: “Dios está airado todos los días contra el impío” (Salmos 7:11).

 

Pero los hombres se niegan a creer en este Dios, y rechinan los dientes cuando se les habla francamente de como El odia el pecado. No, el hombre pecaminoso no puede imaginar un Dios santo, como tampoco cree que existe un lago de fuego, en el cuál irán todos los qeu rechazaron a Cristo.

 

Porque Dios es santo, es completamente imposible que acepte a las criaturas sobre la base de sus propias obras. ¿Pueden las tinieblas habitar con la luz? ¿Puede El Santo deleitarse con los “trapos de inmundicia” (Isaías 64:6)?. Lo mejor que el hombre pecador puede presentar está contaminado. Un árbol corrompido no puede producir buen fruto, si Dios considerara justo y santo aquello que no lo es, se negaría a sí mismo y mancharía sus perfecciones; y no hay nada justo ni santo si tiene la menor mancha contraria a la naturaleza de Dios. Pero bendito sea su nombre, porque lo que su santidad exigió, lo proveyó su gracia en Cristo Jesús y cada pobre pecador que busque en Cristo es “acepto en el amado” (Efesios 1:6) porque la palabra que todo el que viene a Cristo, él no le echa fuera (Juan 6:37).

 

¿Odia Dios a los pecadores?

 

Es una buena pregunta, porque según la corriente calvinista, Dios odia al pecador, pero esto resultaría contradictorio y atentaría con la evidencia bíblica que dice que Dios amó al mundo” (Juan 3:16).

Veamos que nos dice sobre esto el artículo ¿Odia Dios a los pecadores?“, escrito por el hno. Kyle Butt:

 

La mayoría de religiosos está de acuerdo que Dios odia el pecado. Una y otra vez, la Biblia enfatiza el hecho que Dios aborrece la iniquidad. Dios dijo al profeta Jeremías que hablara a los israelitas acerca de su pecado, diciendo: “No hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco” (44:4). El escritor de Proverbios listó siete pecados que el Señor aborrece (6:16-19). El profeta Zacarías declaró que Dios odia el juramento falso y los malos pensamientos en contra del prójimo (8:17). Jesús mismo dijo que odiaba las obras de los nicolaítas (Apocalipsis 2:6). La Biblia enfatiza que el Señor odia el pecado.

 

Algunos han sugerido que el odio de Dios va mucho más lejos. Ellos creen que Dios odia al pecador así como al pecado que comete. Se ha sugerido que Dios ama a los que le obedecen y odia a todos los que le desobedecen. Los que enseñan esta idea utilizan varios versículos bíblicos para “probar” su caso. Por ejemplo, el Salmo 5:5 dice que Dios odia a “a todos los que hacen iniquidad”. Proverbios 6:18,19 dice que Dios odia al “testigo falso que habla mentiras, y [al] que siembra discordia entre hermanos”. ¿Es cierto que Dios odia a los pecadores así como a su pecado?

 

Cualquier persona que ha leído la Biblia entiende que uno de sus temas más grandes es el amor. La Biblia dice que Dios es amor (1 Juan 4:8). También explica que Dios mostró Su amor hacia nosotros mientras estábamos todavía en nuestros pecados:

 

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:6-8).

 

Un aspecto interesante de este pasaje es que enfatiza que los pecadores perdidos no eran “justos” o “buenos” cuando Cristo demostró Su amor por ellos.

En la narración del joven rico, Jesús explicó que a este joven le faltaba algo para agradar a Dios. Pero aunque al joven rico le faltaba algo y estaba perdido, la Biblia dice que Jesús “le amó” (Marcos 10:21). Cuando Jesús hizo lamentación por la Jerusalén perdida, declaró:

 

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37).

 

Jesús dijo que Su amor por los habitantes perdidos de Jerusalén era como el de una gallina para sus polluelos. Ese enunciado obviamente denota amor por los pecadores en Jerusalén.

 

En uno de los versículos bíblicos más conocidos acerca del “amor”, Jesús dijo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Dios demostró Su amor para el mundo perdido antes que los perdidos creyeran en Jesús. Juan además explicó esto cuando escribió: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Es claro por estos versículos que Dios ama a los pecadores perdidos, y que Él mostró ese amor al enviar a Jesús.

 

Entonces, ¿cómo podemos reconciliar los versículos que parecen sugerir que Dios odia a los pecadores, pero que los ama a la misma vez? Una de las soluciones más plausibles es que los escritores de la Biblia usaron una figura de expresión llamada metonimia cuando escribieron que Dios odia a los pecadores. “Metonimia” se define de la siguiente manera: “Una figura en la cual se usa un nombre o sustantivo relacionado en vez de otro” (Bullinger, 1898, p. 538). Bullinger además explica que la metonimia puede ser una figura “de causa”, cuando se reemplaza la cosa que se realiza con la persona que realiza tal cosa (p. 539). Por ejemplo, en Lucas 16:29, el texto dice: “A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos”. En realidad, ellos no tenían a “Moisés y a los profetas”, sino tenían sus escritos. El nombre Moisés es una metonimia que representa a sus escritos, ya que él era la causa de los escritos. En tiempos modernos sería como decir, “Odio a Shakespeare”. ¿Quisiera decir esa persona que odia la personalidad de Shakespeare? No. Nosotros entendemos que estaría diciendo que no le gusta los escritos de Shakespeare, sin tener en cuenta la personalidad del dramaturgo.

 

Si aplicamos la misma figura de expresión en los pasajes que declaran que Dios “odia a los pecadores”, podemos ver que se reemplaza el pecado con el pecador. Por ende, cuando Dios dice que Él odia al “testigo falso que habla mentiras” (Proverbios 6:19), quiere decir que Él odia las mentiras. Al usar la metonimia, se reemplaza la mentira (el efecto) con el que miente (la causa). Es interesante notar cuán clara puede ser esta característica en otros contextos. Por ejemplo, Proverbios 6:17 dice que Dios odia “la lengua mentirosa”. ¿Significa eso que Dios odia a una lengua mentirosa hecha de músculos y tejidos? No. Significa que Dios odia el pecado que la lengua puede realizar. En el mismo contexto, aprendemos que Dios odia a “los pies presurosos para correr al mal” (6:18). Otra vez, ¿significa eso que Dios odia a los pies físicos? No. Simplemente significa que odia el pecado que esos pies pueden realizar. Es interesante que pocos (o nadie) sugirieran que Dios odia a lenguas o pies físicos, pero ellos insistirían que Dios odia realmente a los pecadores así como al pecado que realizan.

 

Cuando estudiamos la Biblia, es muy importante tener en cuenta que los escritores de la Biblia a menudo usaron figuras de expresión. Cuando consideramos la idea que Dios odia el pecado, pero ama a los pecadores, la figura de expresión conocida como metonimia clarifica la confusión. Así como Dios no odia a los pies o a las lenguas físicas, Él no odia a los pecadores. Estos sustantivos se usan para representar lo que realizan—el pecado.

REFERENCIAS

Bullinger, E.W. (1898), Figures of Speech Used in the Bible (Grand Rapids, MI: Baker), reimpresión de 1968.

 

Fuente: http://espanol.apologeticspress.org/espanol/articulos/3199

 

 

Conclusión:

 

Porque Dios es santo, debemos acercarnos a él con la máxima reverencia. “Dios terrible en la grande congregación de los santos y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo” (Salmos 89:7). “Ensalzad a Jehová nuestro Dios, e inclinaos al estrado de sus pies: él es santo” (Salmos 99:5). Sí, “Al estrado”, en la postura más humilde, postrados ante él. Cuando Moisés se acercaba a la zarza ardiendo, Dios le dijo: “quita tus zapatos de tus pies” (Éxodo 3:5).

 

A él hay que servirle “con temor” (Salmos 2:11). Al pueblo de Israel dijo: “En mis allegados me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado” (Levítico 10:3). Cuando más temerosos nos sintamos ante su santidad inefable, más aceptables seremos al acercarnos a él.

 

Porque Dios es santo, deberíamos desear ser hechos conformes a él. Su mandamiento es: “Sed santos, porque yo soy santo” (1ª Pedro 1:16). No se nos manda ser omnipotentes u omniscientes como Dios, sino santos, y eso “en toda conversación” (1ª Pedro 1:15), este es el mejor medio para agradarle. No glorificamos a Dios tanto con nuestra admiración ni con expresiones elocuentes o servicio ostentoso, como con nuestra aspiración a conversar con El con espíritu limpio, y a vivir para El, viviendo como El.

 

Así pues, por cuanto solo Dios es la fuente y manantial de la santidad, busquemos la santidad en él; que nuestra oración diaria sea que “El Dios de paz os santifique en TODO; para que vuestro espíritu y alma y CUERPO sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo”

(1ª Tesalonicenses 5:23).

 

Estudio Bíblico escrito y dictado por: César Angelo.

Para este estudio se han tomado algunas notas e ideas generales del hno. A. W. Pink.

 

Si quieres aprender más, te invito a leer los otros Atributos de Dios:

Estudio Bíblico: “Conociendo a Dios”

Primera Parte: “Los atributos de Dios

8ª Sesión: “EL PODER DE DIOS

 

BIBLIOGRAFÍA:

La Biblia RV1960 – La Biblia TLA

Libro “Los Atributos de Dios” de Arthur Walkington Pink

Apologetics Press: http://espanol.apologeticspress.org/espanol/articulos/3199

 

Atte. César Angelo.

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