28 de septiembre de 2016 / Santiago de Chile / Contralobos, Blog Cristiano.

 

Una Carta Abierta a Juan Calvino / por: Zack Hunt

 

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Publicado originalmente el 13 de Mayo de 2014.

Por Zack Hunt

Traducción Raúl Jaramillo de Lira.

Enlace al original: http://zackhunt.net/2014/05/13/dear-john-an-open-letter-to-john-calvin/

Querido Juan,

Ok. Primero quiero aclarar que sé que las cartas que comienzan con “Querido” son usualmente escritas entre antiguos amantes y nosotros nunca hemos sido siquiera amigos. Pero, Juan, lo intenté. De verdad lo intenté.
He escuchado por tanto tiempo que mis frustraciones con el Calvinismo eran en realidad debidas a tus seguidores neo-calvinistas dándote un mal nombre. Eso tenía sentido para mí. Después de todo, no podía creer que algunas de las cosas reprensibles y monstruosas que se dicen y enseñan hoy serían derivadas directamente de alguien con tu proeza teológica. Así que, yo quería darte una oportunidad de redención en mis ojos.

Dado que tú no has, um, estado presente en el cuerpo los últimos 450 años, pensé que la mejor forma de conocer al verdadero Calvino sería leer el trabajo por el cual eres famoso. Estoy hablando, por supuesto, de tus Institutos de la Religión Cristiana.

En mi esfuerzo por conocerte mejor dediqué mi último semestre en Yale en una clase enfocada enteramente a la lectura y discusión de tu épico trabajo. Admito que no logramos abarcar cada capítulo (perdónanos Juan, pero el libro tiene cerca de 1,000 páginas y necesitábamos tiempo para discutir lo que leíamos cada semana), pero si leímos casi todo (omitimos en su mayoría algunos capítulos al final sobre el gobierno de la iglesia). Incluso con aquellos pocos capítulos pasados por alto, estoy dispuesto a apostar a que abarcamos más de los Institutos que muchos de tus seguidores de hoy han leído. (Digo esto como un Wesleyano, el cual ha  leído muy poco acerca de lo que Wesley en realidad escribió).

Debo admitir, Juan, eres un hombre brillante y un gran escritor. Tu pasión y honestidad fueron obvias desde la primer página y en ocasiones refrescantes dada la manera en la que nosotros usualmente damos rodeos acerca de lo que pensamos en la iglesia hoy. Realmente admito tu convicción y disposición de decir lo que crees es verdad incluso si ello no era algo popular que decir. Sin duda, tú tenías algunas cosas grandiosas que decir, y en ocasiones, me encontraba cercano a gritar “Amén!” Como la ocasión en que expusiste a aquellos que quieren creer en la noción absurda de que Dios puede predestinar a algunos al cielo sin predestinar necesariamente a todos los demás al infierno, “Pero en esto se engañan grandemente, porque no existiría elección, si por otra parte no hubiese reprobación”. (3.23.1) 1

Bien, tal vez, ese amén no fue exactamente por la razón que a ti te gustaría, pero aún así, ¿cuenta, no es así?

De cualquier modo, la clase ha terminado, nuestra lectura de tu hazaña monumental está completa, y he tenido tiempo para procesar todo lo que has dicho.

Así que, ¿puedo ser totalmente honesto contigo Juan?

Destruiste mi esperanza de reconciliación.

Encuentro que tu teología es completamente espantosa – incluso mucho más – que tus seguidores.

Para ser franco, como Cristiano, no reconozco a tu Dios y no tengo pista alguna de lo que Las Buenas Nuevas  son en  Los Institutos. ¿El que algunas personas son salvadas sin importar nada? Supongo que eso es bueno para ellas. Pero eres muy claro en que Dios también crea personas para condenación eterna,

Por predestinación queremos decir el decreto eterno de Dios, por el cual él determinó consigo mismo lo que sea que él deseara que sucediera con respecto a cada hombre. No todos son creados en los mismos términos, sino que algunos son pre-ordenados a vida eterna, otros a la condenación eterna; y de acuerdo a esto, dado que cada uno ha sido creado para uno u otro de estos fines, decimos que él ha sido predestinado a la vida o la muerte. (3.21.5)

Y también dices que Dios engaña a algunas de aquellas mismas personas a quienes Él condena al infierno haciéndoles pensar que él las ama al “insinuarse en sus entendimientos cuanto su bondad puede ser gustada sin el Espíritu de adopción” simplemente para que él “los mantenga más convencidos.” (3.2.11) Juan, ¿qué clase de Dios perverso y manipulativo haría esto?

Pero se pone peor. Mucho peor.

Ya que, de acuerdo a ti, Dios ordena cada acto horroroso de maldad que ha ocurrido o alguna vez ocurrirá.

Como tú explicas una,

La Escritura, para probar mejor que nada acaece en el mundo a no ser por disposición divina, muestra que las cosas que parecen más fortuitas también están sometidas a Él. Pues, ¿hay algo que más se pueda atribuir al azar o a la casualidad que el que una rama caiga de un árbol y mate a un transeúnte?  Sin embargo, de muy otra manera habla el Señor, al afirmar que Él “lo puso en sus manos” (de quien lo matase) (6.21,13)(1.16.6) 2

Y otra,

Si de ella, dicen, depende cuanto acontece en el mundo, entonces ni los hurtos, ni los adulterios, ni los homicidios se cometen sin que intervenga la voluntad de Dios. (1.17.5) 3

Y otra,

Supongamos que un mercader, entrando en un bosque con buena escolta, se extravía y cae en manos de salteadores y le cortan el cuello. Su muerte no solamente hubiera sido prevista por Dios, sino también determinada por su voluntad. (1.16.9) 4

Y otra vez, Dios siempre está detrás de cada acto de maldad que ha sucedido,

Pues yo digo aún más: que los ladrones, homicidas y demás malhechores son instrumentos de la providencia de Dios, de los cuales se sirve el Señor para ejecutar los designios que en sí mismo determinó (1.17.5)

En otras palabras, si un niño es violado, una familia durmiendo es asesinada, o toda una población de personas es enviada a las cámaras de gas, eso no era simplemente las acciones de hombres malvados. Era la voluntad de DIos.

Y por supuesto, Dios no solamente tiene establecido todo para nosotros en esta vida; Dios también lo tiene establecido para la eternidad también porque como tú dices,

Porque aquellos a quienes el Señor no les da la gracia de ser dirigidos por su Espíritu, por justo juicio los entrega a Satanás, para que los rija”. (2.4.1)  5

Dices que toda esta ira es debida a nuestra depravación. Ignorando las palabras de Pablo afirmando completamente lo opuesto, tú dices ” dondequiera que hay pecado, allí se muestra la ira y el castigo de Dios”. (3.11.2)  Y para enfatizar de manera más clara tu punto de cuánto Dios nos odia, tú afirmas que no son solo a los adultos a los cuales Dios desprecia, sino a los  infantes también porque  “toda su naturaleza no es más que germen de pecado, por lo cual no puede por menos que ser odiosa y abominable a Dios”. (2.1.8)  6 Juan, haces todo lo posible por establecer la depravación total del hombre, y estoy de acuerdo que somos en efecto personas pecadoras. Pero al final, basado en tu propio argumento, el que se observa mucho más depravado es Dios. Dado que es Dios, no la humanidad, quien ordena el mal e instituye tormento eterno sin importar actos o decisiones.

Sí Juan, tienes razón. Todas estas citas y puntos carecen de su contexto inmediato, pero no son pensamientos aleatorios. Estas son, como demuestras tan bien, las conclusiones lógicas de tu teología de la soberanía divina, y por lo tanto, en el corazón de lo que crees acerca de Dios. Peor aún, este no es un caso en el cual exageras tus palabras sin pensar acerca de las conclusiones. Tú eres claro que esta clase de Dios que ordena el genocidio, asesinatos, violaciones, abuso infantil, y toda clase de actos horrendos concebibles es el Dios al que adoras.

No es de extrañar que dices que debemos temer a este Dios, no solo en honor y reverencia hacia Él, sino en realidad estar aterrorizados de él. (3.2.26) Supongo que en este punto al menos tenemos cierto acuerdo. Si este es un Dios quien arbitrariamente ordena la muerte de niños y el tormento de personas incluso antes de que estas hubiesen nacido, entonces por supuesto debemos tenerle miedo.

Y es por eso Juan, que tengo que ser brutalmente honesto contigo.

Pienso que tu Dios es un monstruo.

No digo esto casualmente o basado en un puño de frases aleatorias. Lo digo en base al fundamento de tu proyecto teológico y tu insistencia en un Dios que tanto ordena el mal y crea personas simplemente para ser atormentadas por la eternidad. Juan, este no es el Dios que encuentro en la Biblia, ni es un Dios que yo piense que sea digno de adoración. Es un Dios que solamente puede ser temido por su arbitrariedad, crueldad, y malos caminos, y digno de tener lástima por su esclavitud a la ira.

Para mi Juan, tu Dios no se parece en nada a Jesús de Nazaret. Y eso, para mí, es un problema grande.

Ahora, Juan, no sería una buena carta de ruptura si no fuera claro sobre por qué no me agradas más (o supongo porque nunca lo hiciste). Sé que muchas de esas razones ya son obvias, pero en el espíritu de tus Institutos, no quiero dejar lugar a dudas de por qué debemos continuar por caminos separados.

En primer lugar Juan, mientras me admiraba por tu intelecto, tú estás demasiado, demasiado comprometido con tu sistema teológico. Sé que tu metodología y meticulosidad se derivan de tu entrenamiento como un abogado, y mientras esas pueden ser grandes cualidades en una persona, en tus Institutos  tu absoluta devoción a tu sistema teológico crea una increíble insensibilidad que es totalmente extraña al Jesús que encuentro en los evangelios. Experiencia, razonamiento, compasión e incluso grandes cantidades de Escritura son sacrificados en el altar de tu sistema teológico. Las relaciones requieren compasión, humildad, y en ocasiones un poco de flexibilidad. Juan, todos tenemos que trabajar un poco en esas áreas, pero eso es verdad especialmente para ti.

También tienes una tendencia de hablar de los dos lados de tu boca. Esto no es bueno para una relación, porque significa que nunca podré realmente confiar en lo que estás diciendo. Por ejemplo, para acreditar la obvia realidad del libre albedrío mientras defiendes tu entendimiento fuerte de la soberanía divina, tú intentas crear una diferencia de fantasía entre compulsión y necesidad, de manera que solo porque nosotros necesariamente debemos actuar en cierta forma porque Dios así lo ha ordenado, en realidad somos coaccionados a hacerlo. (2.3.5) Juan, eso no tiene sentido. De manera similar, tú argumentas que a pesar de que todo está determinado por Dios mucho antes de que nosotros existiéramos, aún somos responsables de nuestras acciones (1.17.5) 

Mira, lo entiendo, tienes un sistema que mantener y necesitas darle coherencia al pecado y la culpa. Pero Juan, no puedes comerte tu pastel y guardarlo también. O nosotros libremente escogemos pecar y por lo tanto somos responsables o Dios por su decreto divino nos causa a pecar y, por lo tanto, Dios es en última instancia responsable. Lo que nos lleva a la peor ambigüedad de todo tu libro. Dejas claro que Dios ordena el mal, pero no es el autor de este. Juan, amigo, como has oído en toda tu vida, si Dios es el que ordena y la fuente de todos los actos malos, entonces Dios es el autor del mal. Lo cual significa que tu Dios no es realmente tan amoroso y bueno como nos quieres hacer creer. De hecho, tu Dios es en extremo malvado.

Es por ello Juan, que es difícil no concluir que el Calvinismo es un ejercicio sustentado en la defensa contra lo obvio. Con esto me refiero a que tú estás constantemente en defensa contra las conclusiones obvias de tus afirmaciones. En tu defensa ofreces una gran y exhaustiva defensa. Solamente que esta va en contra a la lógica básica. No hay forma de escapar del hecho de que tú has creado a un Dios que simultáneamente es el autor del mal y así mismo has hecho de la vida cristiana irrelevante porque nuestro destino eterno ya está sellado, no hay absolutamente punto alguno en molestarse en vivir en una forma particular.

También Juan, y no estoy tratando de ser grosero, pero tu uso de la Escritura simplemente es atroz. Lo sé, lo sé, lo sé. ¿Quién soy yo para criticar la exégesis del gran Juan Calvino? Pero, amigo, eres muy selectivo sobre la Escritura como si fuera tu regalo espiritual. Tú ignoras completamente el contexto de los versos que escoges. Y, con solo algunas excepciones, ya sea ignoras o desestimas cualquiera y todos los pasajes que contradicen tu posición. Pero Juan, no estoy seguro que esa es siquiera la peor parte para mi.

Como un hermano cristiano, sé que esto puede ser un poco difícil de escuchar, pero tú lidias sorpresivamente muy poco con lo que Jesús mismo realmente tenía que decir. Claro, tú hablas bastante sobre su rol en la salvación, pero cuando se trata de apoyar tantas de tus afirmaciones, pareces citar a todos menos a Jesús. De hecho, estoy bastante seguro que citaste el libro entero de Romanos. Y sin embargo las palabras de Jesús eran unas cuantas y lejos entre ellas. Conociéndote, sé que este no es el caso pero parece casi como si tú intencionalmente lo ignoraste porque algunas de las cosas que él dijo traían una gran dificultad a tus sistema que podrían derrumbarlo todo sobre sí mismo, como ese molesto absurdo de amar a todo el mundo y no solo a los elegidos en Juan 3:16-17 o aquello en Mateo 25 o Santiago 2 donde la salvación por fe sola parece ser un invitado no bienvenido.

Pero Juan, creo que en última instancia el problema entre tú y yo es el punto de partida en tu gran esfuerzo teológico. Para ti, todo comienza y termina con la gloria de Dios. Yo completamente estoy de acuerdo en que darle a Dios la gloria es algo importante.  Pero Juan, no sé qué Biblia estás leyendo si piensas que recibir gloria es el principal interés y propósito de Dios para la humanidad. Si algo es la Biblia, es un registro prolongado del desinterés de Dios por su gloria. Es la historia de un Dios quien desea sobretodo estar en una relación de amor con su pueblo y la disposición de Dios de hacer todo para que esto suceda, incluyendo el abandonamiento de todo sentido de gloria a tal punto de tener una muerte en una cruz.

 

Pero tal vez el punto más irónico en tu énfasis en la gloria es que en tu intento por glorificar a Dios, tú destruyes esa misma gloria a través de tu entendimiento de soberanía divina y elección. Ya que si Dios ordena el asesinato, las violaciones y el abuso, mientras crea a algunas personas -tal vez a la mayoría de las personas para un tormento eterno, entonces ese Dios no es digno de gloria. Punto.

Ahora, yo sé que tus seguidores actuales me dirán que estoy “mal interpretando” y que no entiendo lo que “realmente” intentas decir. Escuché mucho de esto en este semestre mientras intentábamos reconciliar las palabras en la hoja con sus implicaciones prácticas. Pero esta carta no es sobre los 450 años de interpretación y reinterpretación que te han seguido desde tu despertar. Estoy respondiendo a las palabras que tú mismo escribiste. Y, para mí, lo que escribiste fue demasiado aborrecible.

¿Y puedo decirte algo más Juan?

No pienso que tus seguidores hoy están tan cómodos con tu teología como tú lo estás. Al menos no todos ellos. No me mal entiendas. Estás en un increíblemente alto pedestal para ellos, pero una y otra vez los veo saltando por aros y haciendo gimnasias mentales para evadir o al menos suavizar las afirmaciones tan claras que haces. Y veo a otros rechazando completamente algunas de las cosas que dijiste, mientras intentan mantenerse adheridos al resto.

Yo entiendo eso. Todos queremos defender a nuestros héroes. El problema más grande que tengo, Juan, es que tú tienes una tendencia (porque yo seré el primero en admitir que no todos son así) a crear seguidores increíblemente arrogantes y en ocasiones odiosos que son tan fríos, calculadores y crueles en su teología y selectivos en su uso de la Escritura como tú. Como tú, muchos de tus seguidores más prominentes actualmente denuncian a sus críticos como herejes mientras adoran a Dios por un conjunto amplio de cosas que suceden en el mundo, desde terremotos y tornados hasta la marginalización, opresión y destrucción de personas creadas a imagen de Dios.

Juan, no sé cómo decirlo de otra manera, tienes un mal hábito de crear discípulos que no son muy parecidos a Cristo en su amor, misericordia, compasión y gracia para con otros.

Ahora, yo sé que si aún estuvieras por aquí para responder, tú probablemente me dirías lo mismo que le dijiste a muchos de tus oponentes, que soy un “perro rabioso”(3.23.2) 7 o tal vez un “ministro de Satanás” (3.17.1) 8 porque en mi “espíritu rebelde”(3.21.4) tengo la osadía de cuestionar tu entendimiento de Dios, de la soberanía de Dios, y de la elección. Algo que no debo de hacer nunca (3.21.1-2) porque al hacerlo yo “ataco la justicia de Dios”. (2.21.7)

Tal vez tengas razón.

Tal vez soy un agente de Satanás perdido en mi propia herejía y pecado y simplemente no me doy cuenta de ello.

Pero Juan, no pienso que lo soy. Como millones de Cristianos que vinieron antes de ti y billones que han venido después, creo en un Dios que confronta el pecado con gracia, derrota al mal con amor, y ofrece redención a todos.

Y es por ello Juan, no va a funcionar esto entre nosotros dos.

Tal vez cuando te vea en el cielo y ambos veamos las cosas de manera más clara, podremos intentar este asunto de relación otra vez.

Pero por ahora, creo que estaremos de acuerdo en que necesitamos ir por nuestros caminos separados.

Es lo mejor para ambos.

Gracia y Paz,

Zack Hunt.

 

 

 

Fuente:

http://veritasfidei.org/una-carta-abierta-a-juan-calvino/

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