5 de oct. 2016 / Santiago de Chile / Contralobos, Blog Cristiano.

 

Estudio Bíblico: “Conociendo a Dios”

Primera Parte: “Los atributos de Dios

11ª Sesión: “LA PACIENCIA DE DIOS”

 

“Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira”

Salmos 145:8

 

Introducción

 

La vez anterior estuve enseñando acerca de “La Bondad de Dios“, pero en esta ocasión nos toca hablar sobre “La Paciencia de Dios”, un atributo muy interesante que vale la pena estudiar.

 

La longanimidad de Dios es una de las perfecciones divinas, tanto como lo es la sabiduría, el poder o la santidad de Dios.

 

Este término no se encuentra en la concordancia tan frecuentemente como los otros, pero la gloria de esta gracia brilla en las páginas de las Escrituras. Debemos meditar con frecuencia sobre la paciencia de Dios y orar fervientemente para que nuestros corazones también sean pacientes.

 

La longanimidad de Dios se menciona una y otra vez en relación a su gracia y misericordia, como puede comprobarse en Exo. 34:6; Núm. 14:18; Sal. 86:15.

 

 

¿Qué significa paciencia?

 

Entre los frutos del Espíritu hay una hermosa cualidad que en algunas Biblias es traducida como “longanimidad” y en otras como “paciencia”.

 

Estas dos palabras castellanas están estrechamente relacionadas, y ambas se asocian con la resistencia. Más importante y fascinante aún es aprender el significado de las dos palabras griegas correspondientes que aparecen en el Nuevo Testamento.

 

Una de estas palabras griegas —hupomonee— es traducida como “paciencia” en casi todas las versiones bíblicas y significa “resistencia paciente”.

 

La otra palabra griega es aún más interesante. Es makrothumía, traducida como “paciencia” en algunas versiones bíblicas, pero más acertadamente como “longanimidad” en otras.

 

La palabra griega makro (que da origen al prefijo castellano macro) significa “grande” o “largo”. La raíz de la palabra, thumos, significa “temperamento”. Por lo tanto, makrothumía literalmente significa “de temperamento largo”, lo opuesto de “temperamento corto”.

 

Sin makrothumía los seres humanos tendemos a ser temperamentales; es decir, tenemos un temperamento irritable y mal genio. Somos propensos a ser “impacientes” y “perder los estribos”.

 

 

¿Cómo es la paciencia de Dios?

 

La paciencia de Dios es una manifestación de su misericordia.

 

La paciencia divina es el poder de control que Dios ejerce sobre sí mismo haciéndole ser perdonador con el impío y que detiene su ira por mucho tiempo antes de castigarle.

 

 

El puritano Stephen Charnock definía la paciencia de Dios del modo siguiente:

“Es una parte de la bondad y misericordia de Dios, y, sin embargo, difiere de ambas. Dios, siendo la bondad más grande, tiene la mayor benignidad; la benignidad es siempre la compañera de la verdadera bondad, y cuanto mayor la bondad, mayor la benignidad.

¿Quién tan santo como Cristo? ¿Y quién tan manso como Cristo? La lentitud de Dios para la ira es una consecuencia de su misericordia: “Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira” (Salmos 145:8). Difiere de la misericordia en la consideración formal del tema: la misericordia concierne a la criatura como miserable, la paciencia como criminal; la misericordia se apiada de ella en su miseria, la paciencia sufre el pecado que engendró la miseria, y da lugar a más.”

 

 

En Nah. 1:3, leemos: “Jehová es tardo para la ira, y grande en poder”, acerca de lo cual decía Charnock: “Los hombres grandes según el mundo son irascibles, y no perdonan tan fácilmente las ofensas que les infligen como los de más humilde condición. Es la falta de poder sobre sí mismos lo que hace a estos hombres reaccionar impropiamente a la provocación.

 

El príncipe que puede dominar sus pasiones es el Rey, no sólo para sus súbditos, sino también para si mismo. Dios es tardo para la ira porque es grande en poder. El no tiene menos poder sobre si mismo que sobre sus criaturas.”

 

La paciencia de Dios es la excelencia que le hace soportar graves ofensas sin vengarlas inmediatamente. El tiene el poder de la paciencia así como también el de la justicia. De ahí que la palabra hebrea usada para describir la longanimidad divina, sea traducida como “tardo para la ira” en Neh. 9:17, Sal. 103:8. No es que haya pasiones en la naturaleza divina, sino que Dios, en su sabiduría y voluntad, se complace en actuar con la nobleza y sobriedad propias de su sublime majestad.

 

Hagamos notar, en apoyo de la anterior definición, que fue a esta excelencia del carácter divino que Moisés apeló cuando Israel pecó gravemente en Cades barnea, provocando la ira vehemente de Dios. El Señor dijo a su siervo: “Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré”. Fue entonces que el característico mediador apeló: “Te ruego que sea magnificada la fortaleza del Señor, como lo hablaste, diciendo: Jehová, tardo de ira”, (Núm. 14:17,18). Así pues, su “longanimidad” es su “poder” de autosujeción.

 

Además, en Rom. 9:22, leemos: “¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre (paciencia) los vasos de ira preparados para muerte?” Si Dios rompiera inmediatamente esos vasos, su poder de dominio propio no sería tan notable; al sobrellevar su impiedad por tanto tiempo sin castigarla, queda demostrado gloriosamente el poder de su paciencia y amor también por los perdidos, porque Él quiere que todos sean salvos y procedan al arrepentimiento.

 

 

¿Cómo interpreta la paciencia quién no conoce a Dios?

 

Es verdad que el impío interpreta su longanimidad de manera muy diferente “Porque no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos lleno para hacer mal” (Ecl. 8:11) -pero, con todo, el ojo del ungido adora lo que ellos agravian.

 

 

El Dios de la Paciencia

 

“El Dios de la paciencia” (Rom. 15:5) es uno de los títulos divinos. La Deidad es así denominada porque, en primer lugar, Dios es el autor y el objeto de la gracia de la paciencia en la criatura. En segundo lugar, porque esto es lo que El es en sí mismo: la paciencia es una de sus perfecciones. En tercer lugar, como modelo para nosotros: “Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia” (Col. 3:12). “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Efe. 5:1). Cuando seamos tentados a sentirnos disgustados con alguien o a vengarnos del que nos ha ofendido, recordemos la paciencia y longanimidad de Dios para con nosotros.

 

La paciencia de Dios se manifiesta en su trato con los pecadores. Cuán sorprendentemente se puso de manifiesto para con los hombres antediluvianos. Cuando la humanidad estaba totalmente degenerada, y toda carne había corrompido sus caminos, Dios no la destruyó sin antes advertirlo. Dios “esperó” (1Ped. 3:20), probablemente, no menos de ciento veinte años (Gén. 6:3), durante los cuales Noé fue “pregonero de justicia” (2Ped. 2:5).

 

Del mismo modo, más tarde, cuando los gentiles no sólo adoraban más a la criatura que al Creador, sino que cometían las abominaciones más viles, contrarias incluso a los dictados de la naturaleza (Rom. 1:1926), llenando así la medida de su iniquidad, Dios, en lugar de usar su espada para exterminarlos, dejó “a todas las gentes andar en sus caminos”, y dio “lluvias del cielo y tiempos fructíferos” (Hech. 14:16,17).

 

La paciencia de Dios fue maravillosamente ejercida y manifestada para con Israel. Primero “por tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto” (Hech. 13:18). Más tarde, cuando ya habían entrado en Canaán, los israelitas siguieron las costumbres impías de los pueblos que les rodeaban, volviéndose a la idolatría; y aunque entonces Dios les castigó severamente, no los destruyó por completo, sino que, en su angustia, levantó para ellos libertadores.

 

Cuando su iniquidad alcanzó extremos tales que sólo un Dios de paciencia infinita podía tolerarles, El, con todo, aplazó el castigo durante muchos años antes de permitir que fueran transportados a Babilonia. Finalmente, cuando su rebelión contra El alcanzó el clímax al crucificar a su Hijo, Dios esperó cuarenta años antes de enviar a los romanos contra ellos y eso no antes de haberlos juzgado “indignos de la vida eterna” (Hech. 13:46).

 

¡Qué maravillosa es la paciencia de Dios para con el mundo de hoy día! Por todos lados las gentes pecan audazmente. La ley divina es pisoteada, y Dios mismo es despreciado. Es verdaderamente asombroso que no fulmine al instante a quienes le retan tan descaradamente. ¿Por qué no extermina de golpe al arrogante infiel y al blasfemo vociferante, como hizo con Ananías y Safira?

 

¿Por qué no hace que la tierra se abra y devore a los perseguidores de su pueblo, de modo que, como Dathán y Abiram, desciendan vivos al abismo? ¿Y qué de la cristiandad apóstata, donde toda forma posible de pecado se tolera y practica al abrigo del nombre Santo de Cristo? ¿Por qué la justa ira del cielo no pone fin a tanta abominación? Sólo es posible una explicación: porque Dios soporta “con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte”.

 

Conclusión

 

Debemos examinar nuestra vida. No hace mucho que seguíamos a la multitud haciendo lo malo, y no teníamos interés alguno en Dios ni en su gloria, viviendo sólo para agradarnos a nosotros mismos. ¡Cuán paciente e indulgente fue para con nuestra conducta impía! Y ahora que vivimos en La Gracia de Dios, se nos ha dado un lugar en la familia de Dios y tenemos un herencia eterna en gloria, que ingratos a veces somos al no corresponder su amor como se debe. ¡Qué superficial es nuestra gratitud, qué lenta nuestra obediencia, qué frecuentes son nuestras quejas!

 

Ojalá que la meditación de esta excelencia divina ablande nuestros corazones, remezca nuestras conciencias y aprendamos a ser sumisos a la voluntad de Dios.

 

Busquemos fervientemente gracia para imitar esta excelencia divina. “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mat. 5:45); en el inmediato contexto, Cristo nos exhorta a amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen, y hacer bien a los que nos aborrecen. Dios es paciente con el impío, ¿cómo está nuestra paciencia? ¿estamos soportando, amando y perdonando a nuestro prójimo como Dios nos muestra su paciencia?.

 

 

Estudio Bíblico escrito, editado, corregido y dictado por: César Angelo.

Para este estudio se han tomado algunas notas e ideas generales del hno. A. W. Pink.

BIBLIOGRAFÍA:

La Biblia RV1960 – La Biblia TLA

Libro “Los Atributos de Dios” de Arthur Walkington Pink

https://mujercristianaylatina.wordpress.com/2009/04/07/longanimidad-la-union-de-paciencia-y-poder/

 

 

Si quieres aprender más, te invito a leer los otros Atributos de Dios a continuación:

 

Estudio Bíblico: “Conociendo a Dios”

Primera Parte: “Los atributos de Dios

12ª Sesión: “LA GRACIA DE DIOS

 

Atte. César Angelo.

contralobos@gmail.com

Facebook: Cesar Contralobos

Twitter: @Contralobos

Mi Canal de Youtube

Mis Predicaciones, Estudios Bíblicos y Reflexiones.

Anuncios