Publicado actualmente 08 de Febrero de 2016 / Santiago de Chile / Blog Contralobos.

 

Hola mis queridos hermanos en Cristo, les saludo en amor cristiano deseándoles muchas bendiciones en Cristo, esta vez para compartirles una predicación escrita que acabo de compartir con mis hermanos en la Iglesia ICTUS.

 

Espero que sea de bendición para uds.

 

Un llamado a la comunión

Tema N° 4 / Serie: “Volviendo a las raíces de La Fe”

por: César Angelo

 

Lectura Bíblica en Hechos 2:37-47 (RVR1960):

 

37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
La vida de los primeros cristianos

43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;

45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.

46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Introducción (Hechos 2:37-41):

 

Según lo leído, podemos darnos cuenta si leemos el contexto inmediato, vale decir, el antes y el después de la lectura que hemos hecho, estamos situados en el momento en que apenas el Maestro fue ascendido al cielo y sus seguidores están esperando la promesa de la venida del Espirítu Santo, ellos están en el aposento alto, segundo piso de una casa que ocupaban como cuartel general, probablemente la misma casa que ocupó Jesús para la última cena.

 

En este contexto los discípulos reunidos ahí orando y estando en comunión unos con otros, alrededor de 120, incluyendo a los 11 apóstoles, el nº 12 Matías que reemplazó a Judas, más la madre de Jesús y sus hermanos, quiénes han creído en Cristo al parecer producto de las indubitables pruebas después de la resurrección ¿se les habrá aparecido Cristo a sus hermanos sanguíneos?, no lo sé, pero algo pasó que ahora están los demás discípulos.

 

Cuando viene el E.S. de Dios produce un gran ruido, tanto así que las personas que iban al templo a celebrar la fiesta de pentecostés se juntan a mirar y se reunen cerca de la casa donde están los apóstoles, la gente mira consternada la situación debido a que muchos seguidores de Cristo están hablando en lenguas no nativas, y siendo tocados de manera especial por el E.S., tanto así que muchos judíos comienzan a decir que están borrachos, a lo que el apóstol Pedro responde diciendo que a esa hora (cerca de las 9 am actual) no podría ser, y en seguida se manda su primer gran discurso post-bautismo del Espíritu Santo, ya con mucha más valentía y autoridad, haciendo un recorrido por la vida de Cristo, resurrección y exaltación, culpando al pueblo por la muerte de Cristo, pero también muerte que fue predestinada y planificada de ante mano por la presciencia y soberanía de Dios, y tal como Juan el Bautista y Cristo, Pedro no cambió el mensaje, el mensaje de salvación fue “Arrepentíos” (del griego “metanoia”), que significa cambio de dirección y/o cambio de mente.

 

Es ahí donde parte la lectura de hoy, y nos encontramos con esta gente que escucha este mensaje y sorprendida y tocada, hacen la pregunta del millón ¿qué haremos?, pregunta que quisiera cualquier predicador o evangelista, pero vemos que Pedro no hizo lo que tu o yo haríamos en la actualidad, la típica “oración del pecador” o la oración de confesión, Nooooo!!, eso no fue lo que hizo Pedro, el les dijo: ¡arrepiéntanse de esta perversa generación!, porque en realidad no podemos manipular la oración de una persona, ya que el que convence es el E.S., no el predicador, porque la oración genuina del pecador debe nacer de su corazón y tener claro el compromiso que está haciendo con Dios, es por eso que muchas iglesias se llenan de estos falsos convertidos que hacen una “oración express”, la oración del pecador, pero en muchos casos fue una oración repetida, no del corazón, fue manipulada y forzada, esto no es algo que pueda traer frutos (aclaro que no toda “oración del pecador” es infructuosa, hay miles de casos de verdaderas conversiones que se han hecho con este método).

 

También vemos que Pedro habló del bautismo para perdón de pecados, entonces tenemos arrepentimiento y bautismo, aunque yo sí creo necesario el bautizarse por inmersión, también considero que es un símbolo y que no tiene poder salvífico en sí mismo, sólo Cristo salva, no el bautismo, pero también debemos considerar que sí Cristo se bautizó en las aguas, ¿por qué nosotros no habríamos de hacerlo?, entonces recomiendo que mientras podamos, debemos bautizarnos (en las aguas y por inmersión), pero si alguien por motivos de fuerza mayor no puede, Dios comprende.

 

Cuando hacemos esto, recibimos el don, el regalo del Espíritu Santo y nos sella para siempre, porque recordemos que Dios hace la obra completa, no a medias, Dios otorga seguridad eterna en la Salvación, pero ojo, quién puede perder este regalo es el hombre no Dios, la Salvación es de Cristo por gracia, él la da, pero nosotros la recibimos y debemos permanecer en ella. Dios nos amó desde antes de la fundación del mundo!! Bendito amor de Dios!

 

Ahora pasemos a lo central, que es la comunión.

 

Un llamado a la comunión / por: César Angelo

 

Comunión en la Iglesia del Señor

 

Pasando al verso 42, vemos que hay 4 características importantes de la primera Iglesia (los 120 + los 3.000 nuevos convertidos), vemos que perseveraban (se esforzaban y/o sacrificaban) en:

 

1. La Doctrina.

2. La Comunión.

3. Partimiento del Pan.

4. Las Oraciones.

 

Aunque todas estas 4 cosas son importantes, quiero centrarme en la Comunión, pero a grandes rasgos paso a decir una pincelada de las demás:

 

1. Cuando habla de doctrina, es enseñanza, y se refiere a lo que enseñaban los apóstoles, lo que era idéntico a lo que enseñó Cristo cuando estuvo con ellos, en otras palabras, el mensaje del reino de Dios, que contiene una serie de mensajes, mandamientos y enseñanzas que compone en evangelio y/o la fe.

 

3. El partimiento del pan es por un lado la santa cena, pero también la fiesta del amor o ágape que celebraban los primeros cristianos, una pequeña comida para conversar, compartir y fomentar los lazos de la comunión entre hermanos.

 

4. La oración es algo esencial que todo cristiano debe hacer y comprender y los primeros cristianos lo sabían muy bien.

 

¿Qué significa comunión?

 

Es una palabra griega “koinonía”, que significa: Unión, participación, relación, participación en lo común, pero a su vez viene de la palabra “koinonós”, que significa: Compañero(a), socio(a).

 

También en el A.T. encontramos una palabra que se asocia muy bien a este concepto, y es “Ezer” del hebreo y significa: Ayuda idónea, ayudar, socorrer (Génesis 2:20).

 

¿Por qué es tan importante la comunión?

 

Porque la Trinidad de Dios está en comunión y queda demostrado en Génesis 1:1-3 en donde vemos el 1:1 como Dios el Padre está creando, luego en el 1:2 vemos al Espíritu Santo de Dios yendo y viniendo sobre la faz, en cierto modo, santificando la creación y vemos al Hijo en el 1:3 haciendo juntamente con el Padre en el verbo “y Dijo Dios”, en el dijo está Jesucristo haciendo en conjunto con el Padre, ya que Juan 1:1-5 lo confirma. Si leemos estos textos nos damos cuenta de que Cristo siempre estuvo participando en la creación, actuando en conjunto con el Padre y con El Espíritu, ¿por qué? porque juntos son UNO, trabajando en cooperación, colaboración y en comunidad!!

 

Vemos esto también en Juan 17:21-23, en donde Cristo en su última oración dirigida al Padre frente a sus discípulos confirma que El y su Padre son Uno y su deseo es que sus seguidores sean UNO, o sea, si Dios trabaja en comunión, en unión y en amor, lo mismo demanda para su pueblo.

 

Vemos luego en el verso 43 de Hechos 2, como vino el temor (reverencia y respeto) entre los primeros cristianos y como las maravillas y milagros eran hechos por medio de los apóstoles, en el verso 44, nos damos cuenta que esta gente que había creído, lo hacía en serio, ese “creído” nos habla de una fe real, genuina, porque de otra manera no hubieran mostrado el amor y pasión que conocemos, porque el mismo texto dice que estaban “juntos”, y aunque es positivo estar juntos, pero a veces no es suficiente, porque podemos estar bajo un mismo techo todos juntos, pero ¿tendremos un mismo sentir? ¿seremos uno en Cristo?, pero gracias a Dios que estos hermanos no solo estaban juntos, sino también tenían todo en común, o sea en unión, unidad, compañerismo, etc…, pero además en el verso 45 describe como este amor los llevo a darse por entero incluso al hecho de vender lo suyo y repartirlo a cada uno según su necesidad, acá vemos un acto de amor, justicia y misericordia, generosidad al límite y de la cuál Dios se agradaba, quiera El que nosotros también tengamos ese grado de misericordia y que las iglesias no sea más importante enriquecer a un pastor, sino más bien darnos por el otro en igualdad.

 

En el verso 46 aparece una palabra muy linda que es “unánimes” ó “jomodsumadón”, palabra griega que significa: Común y Misma mente, y es la misma palabra que encontramos en Hechos 1:14 y Hechos 2:1.

 

Los hermanos estaban unidos completamente, y perseveraban en ello, en la comunión, en el amor, pero también hacían algo que muchas veces nos falta… estaban en el templo!! congregandose, alimentandose, por eso dice la palabra en Hebreos 10:25 que no debemos dejar de congregarnos… y también el Salmo 133:1 enfatiza lo hermoso que estar los hermanos juntos en armonía, ¿acaso no es una verdad tremenda?, además de eso, pro si fuera poco, los hermanos “primitivos” o “pristinos” no solo se quedaban en el templo, sino que trasladaban su amor, su vida a las casas, ¿para qué? para compartir a la mesa, en armonia, en confianza, en familiaridad, eso nos hace falta, abrir de par en par las puertas de nuestras casa para que los hermanos se “adueñen” de ella, como si fuera suya, porque esto agrada al Señor!!!, y esto lo hacían con alegría y sencillez de corazón, sin pomposidad ni lujos, ni extravagancia, la simpleza del evangelio conlleva o incluye el acto de la hospitalidad, finalmente estos hermanos también alababan a Dios y vemos que cuando una iglesia hace esto, hay un resultado, y este es que El Señor añade a los que han de ser salvos, ¿cuando sucede esto?, cuando hay comunión, cuando vivimos en amor.

 

Conclusión:

 

Hago un llamado a la comunión, al amor, a la unidad y familiaridad entre los hermanos, seamos uno con Cristo, esforcémonos y fomentemos los lazos de amistad y amor, seamos hospitalarios y así el Señor será glorificado y exaltado. Amemonos unos a otros en el amor del Cristo.

 

 

Atte. César Angelo.

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